Es una combinación de viñedos viejos prefiloxéricos, plantados en cabeza, que hunden sus raíces en diferentes formas de granito y que sustentan la vida sólo con el agua de la lluvia, en un clima moderado por el Pacífico, que está siempre muy cercano y que constituye el principal factor de enfriamiento. Todo esto custodiado, a través de los siglos, por familias viñateras – no por grandes corporaciones – en un territorio muy subdividido, y que constituye una franja que va de norte a sur desde el Maule, pasando por Itata hasta el Bio Bio, en los faldeos orientales de la Cordillera de la Costa.
Esta Cordillera de la Costa, es una formación rocosa paralela a la Cordillera de Los Andes, que es de menor altura, pero que geológicamente es mucho más antigua, donde los suelos van desde los 235 a los 328 millones de años de antigüedad, y tiene uno de los mejores potenciales cualitativos del mundo para hacer vinos de alta calidad. En sus aguas occidentales, mirando al Pacífico está lo que se conoce como Secano Costero, donde existen poquísimas viñas plantadas, y donde dominan las formaciones rocosas metamórficas (pizarras, esquistos y gneiss), geología que tiene grandes exponentes en el mundo. Pero en el otro lado, mirando a Los Andes, en el Secano Interior, es donde se concentra nuestro trabajo, y es donde ocurre la mayor actividad agrícola y viñatera.
Y decimos agrícola en general, porque el modo de vivir incluye no sólo el cultivo de la vid, sino que cultivos de invierno como el trigo y la avena, además de legumbres como garbanzos, lentejas y chícharos. También las familias cuidan las chacras cerca de los cursos de agua, que dan las verduras del día a día, y también se deben cuidar de las ovejas, recolectar productos de temporada como el hongo del pino, moras y murtillas, y producir carbón de espino. Es un verdadero sistema de vida campesina en torno a este paisaje del secano. Existen alrededor de 10.500 hectáreas de viñas en Itata, donde gran parte son parras viejas que cumplen con la condición de pie franco y de secano, que están en manos de aproximadamente 5.000 pequeños productores y familias viñateras, donde el promedio de la tenencia de tierra es extremadamente bajo, viñedos o minifundios que rondan las 0,5 a 2 hectáreas.
De esta forma, Itata es esencialmente un territorio de cerros y lomajes, que, al combinar los factores de una topografía intrincada, diferentes orientaciones y distancias al Pacífico, suelos de granito y parras viejas en condición de secano, constituye un festival de pequeños grandes rincones, con infinitas posibilidades de vinos para ser revelados. Los 600 a 900 mm de lluvia que caen entre mayo y agosto, son fundamentales para la viticultura de este lugar, ya que el granito retiene mágicamente el agua invernal para entregarla lentamente desde octubre a marzo, sustentando la brotación, el crecimiento y la posterior floración, cuaja y madurez de las uvas.